Cerro de San Miguel y el Pípila, Guanajuato

Barrios de Guanajuato — Mirador y callejones

Cerro de San Miguel y el Pípila

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Por Qué Hacer · Actualizado en junio de 2026

Setenta y cinco metros sobre los tejados, un minero de cantera rosa de 800 toneladas vigila la ciudad. Subir a verlo —en funicular o callejón arriba— es el rito de iniciación de todo visitante.

Un monumento de 800 toneladas

El monumento al Pípila honra a Juan José de los Reyes Martínez, el barretero que el 28 de septiembre de 1810, con una losa a la espalda para protegerse de las balas, incendió el portón de la Alhóndiga de Granaditas y decidió la primera batalla de la Independencia. La ciudad le levantó su homenaje en el lugar más visible posible: la cima del cerro de San Miguel, unos 75 metros sobre el nivel del centro.

La obra se inició el 15 de enero de 1939 conforme a la maqueta del escultor Juan Fernando Olaguíbel y se terminó un año después con el trabajo de más de 160 operarios; la inauguración fue el 5 de febrero de 1940, en el aniversario de la Constitución. Es un coloso de cantera rosa extraída del rumbo de La Bufa que pesa más de 800 toneladas, con una figura de 17 metros de los pies a la antorcha y una inscripción al frente que sigue siendo la frase más citada de la ciudad: "Aún hay otras alhóndigas por incendiar". Por dentro, una escalera sube a un balcón-mirador en lo alto de la escultura.

Las maneras de subir

La explanada del monumento es el mirador clásico de Guanajuato: desde su barandal se abarca casi toda la cañada, con la Universidad, la Basílica y el Teatro Juárez a vuelo de pájaro. Hay tres maneras de llegar. La más cómoda es el funicular que parte de detrás del Teatro Juárez; la más escénica, subir a pie desde la calle Sopeña por los callejones —el del Calvario o el del Potrero—, una trepada de 20 a 30 minutos entre muros de colores; y la más práctica en coche, por la Carretera Panorámica en su tramo Pípila-ISSSTE.

Estos mismos callejones son el escenario de la tradición que mejor exporta la ciudad: las callejoneadas, los recorridos nocturnos con estudiantina que tienen un antecedente documentado en 1881 y se formalizaron en 1963 con la fundación de la Estudiantina de la Universidad de Guanajuato. Las rondas parten del rumbo del Jardín de la Unión, trepan y bajan por las laderas cantando y suelen rematar en el Callejón del Beso. La ladera del cerro de San Miguel, empinada y fotogénica, es su territorio natural.

Las calles que hay que conocer

Callejón del Calvario

Uno de los callejones más antiguos de la ciudad y la ruta peatonal clásica al Pípila: arranca del rumbo de Sopeña y debe su nombre a los penitentes que lo subían cumpliendo las estaciones del calvario hasta la Santa Cruz. Hoy lo suben visitantes con menos culpas y más cámaras, entre casas de colores y vistas que mejoran con cada tramo de escalones.

Subida de San Miguel

El último tramo de la trepada a pie: el callejón que remata en la explanada del monumento, donde el caserío se abre de golpe al panorama de toda la cañada. Es corto y empinado; el premio está al final.

Callejón del Potrero

La alternativa al Calvario para subir desde el centro, también con origen en la calle Sopeña. Igual de empinado y algo menos transitado, permite armar un circuito: subir por uno, bajar por el otro, y conocer dos laderas distintas del mismo cerro.

Dónde comer, tomar y comprar en Cerro de San Miguel y el Pípila

Lugares mejor calificados en la zona según reseñas públicas de Google — calificación y número de reseñas al 2026-06-10.

Para comer

Café y desayuno

De noche

Compras

Cultura

Referencias