Centro histórico, Guanajuato

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Por Qué Hacer · Actualizado en junio de 2026

El fondo de la cañada es el único suelo casi plano de Guanajuato, y ahí se acumuló todo: la plaza mayor, el teatro, la basílica, el mercado y la calle que corre bajo tierra siguiendo el cauce del río.

El fondo de la cañada

El centro de Guanajuato no tiene traza de damero porque nunca pudo tenerla: la ciudad creció a lo largo del río, apretada entre cerros, y sus plazas no son cuadrados planeados sino ensanchamientos del camino. La Plaza de la Paz, antigua Plaza Mayor y referencia obligada en los documentos más viejos de la ciudad, es un triángulo en terreno inclinado que tomó su forma actual en 1865. Frente a ella se levanta la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, construida entre 1671 y 1696, que guarda una imagen mariana tallada en Andalucía y considerada una de las más antiguas llegadas a América. En 1858, en plena Guerra de Reforma, Benito Juárez declaró aquí a Guanajuato capital provisional del país.

El agua que dictó esa forma terminó domada de la manera más radical posible: metiéndola bajo el piso. La calle Miguel Hidalgo, que los guanajuatenses llaman simplemente la Subterránea, corre por el antiguo cauce del río Guanajuato bajo el centro, y de ella se desprende la red de túneles que hoy absorbe casi todo el tráfico vehicular. El resultado es un centro donde la superficie quedó para el peatón: desde 1988, junto con las minas adyacentes, está inscrito en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Dos plazas y un teatro

El Jardín de la Unión, el triángulo de laureles recortados donde la ciudad entera se sienta a ver pasar la tarde, fue en el virreinato la Plaza de San Diego, con mercado y corridas de toros. Los primeros árboles se plantaron en 1836 y hacia 1861, con el triunfo liberal, recibió su nombre actual como gesto de cohesión nacional tras décadas de guerra. El kiosco llegó durante el porfiriato, cuando el jardín ya era el escenario de las bandas de música y del paseo vespertino que sigue ocurriendo cada tarde.

A un costado, donde estuvo el convento de San Diego de los frailes dieguinos, se construyó entre 1873 y 1903 el Teatro Juárez, iniciado con proyecto del ingeniero José Noriega y retomado en 1893 por el arquitecto Antonio Rivas Mercado. Porfirio Díaz lo inauguró el 27 de octubre de 1903 con la ópera Aída de Verdi, y ese mismo día develó en la Plaza de la Paz el Monumento a la Paz, bronce del escultor Jesús Contreras fundido en 1897 para conmemorar el fin de las guerras del siglo XIX. Un solo día de 1903 dejó así dos de los símbolos mayores de la ciudad.

La ciudad a pie y bajo tierra

El centro se recorre caminando o no se recorre: las distancias son cortas, las calles angostas y el coche estorba más de lo que ayuda. Del Jardín de la Unión salen en abanico los itinerarios clásicos: por Positos hacia la casa natal de Diego Rivera y la Universidad, por Juárez hacia el Mercado Hidalgo, por los callejones hacia la Plazuela de los Ángeles y el Callejón del Beso. En el extremo poniente espera la Alhóndiga de Granaditas, el granero que mandó construir el intendente Juan Antonio de Riaño y se terminó en 1809: un año después, el 28 de septiembre de 1810, fue el escenario de la primera batalla de la Independencia, cuando El Pípila incendió su portón. Hoy es el Museo Regional de Guanajuato, con murales de José Chávez Morado en sus cubos de escalera.

La hora cambia el carácter del centro. De día dominan los museos, la universidad y el trajín del mercado; al caer la tarde, las estudiantinas reúnen a su público frente al Teatro Juárez y los callejones se llenan de música. Conviene reservar una mañana entera para la zona de la Alhóndiga y Positos, y dejar el Jardín de la Unión para la tarde, cuando tocan las bandas y las terrazas se llenan.

Las calles que hay que conocer

Avenida Juárez

Es la calle comercial del fondo de la cañada: corre del Mercado Hidalgo hacia la Plaza de la Paz hilando plazuelas y portales. Su ancla es el propio mercado, construido entre 1905 y 1910 con proyecto del ingeniero francés Ernest Brunel y de Antonio Rivas Mercado sobre el solar de la antigua plaza de toros Gavira. Porfirio Díaz lo inauguró el 16 de septiembre de 1910, en pleno centenario de la Independencia: una nave de hierro forrada de cantera, de 70 por 35 metros, coronada por un reloj de cuatro carátulas. La versión de que fue una estación de tren reciclada circuló durante décadas, pero la investigación académica la ha desmentido.

Calle Positos

La calle de los museos. En el número 47 nació Diego Rivera el 8 de diciembre de 1886; la casa, rescatada del abandono en los años setenta, abrió como Museo Casa Diego Rivera en 1975 con la colección Marte R. Gómez y hoy exhibe alrededor de un centenar de obras del muralista en 18 salas. Unos pasos más adelante, la calle pasa frente al Edificio Central de la Universidad de Guanajuato, obra ecléctica del arquitecto Vicente Urquiaga y Rivas terminada el 20 de agosto de 1955, cuya escalinata monumental —iniciada en 1950— se volvió el emblema de la institución y uno de los miradores urbanos más fotografiados de la ciudad.

Calle Sopeña

El andador elegante del centro: arranca en el Jardín de la Unión, pasa frente a la fachada de columnas y musas del Teatro Juárez y el templo de San Diego, y sigue hacia el oriente entre cafés y portones de cantera. Es también el punto de partida de las subidas a pie al monumento al Pípila, por los callejones que trepan a su costado sur. En su prolongación, sobre la calle Manuel Doblado, está el Museo Iconográfico del Quijote, otra de las paradas clásicas del paseo.

Calle Miguel Hidalgo (la Subterránea)

La más extraña de las calles guanajuatenses corre bajo el centro siguiendo el antiguo cauce del río Guanajuato, entre muros de piedra y arcos que fueron cimientos de las casas de arriba. Es la columna vertebral de la red de túneles que libera de coches la superficie, y caminarla —tiene banquetas y accesos por escalinatas— es la manera más directa de entender por qué esta ciudad se describe siempre en dos niveles.

Callejón del Beso

Detrás de la Plazuela de los Ángeles, dos balcones separados por apenas 68 centímetros sostienen la leyenda más contada de Guanajuato: la de Carmen y el minero Carlos, los enamorados a los que la diferencia de clase condenó a verse de balcón a balcón hasta el desenlace trágico. La tradición manda besarse en el tercer escalón, pintado de rojo, a cambio de años de buena fortuna. Es el remate habitual de las callejoneadas y, a media mañana, uno de los rincones más retratados del país.

Parques y plazas

Jardín de la Unión

El triángulo de laureles de la India podados en muro es el corazón social de la ciudad desde el siglo XIX: bancas de hierro, kiosco porfiriano, bandas de música por la tarde y el ir y venir continuo entre el Teatro Juárez y los portales. Antes fue la Plaza de San Diego, con mercado y toros; el nombre actual data de 1861.

Plaza de la Paz

El antiguo corazón civil del mineral, frente a la Basílica y rodeado por las casonas de las familias mineras más ricas del virreinato. Su jardín central está coronado por el Monumento a la Paz de Jesús Contreras, develado por Porfirio Díaz en 1903. La inclinación del terreno —notable incluso aquí— recuerda que en Guanajuato ni la plaza principal es plana.

Dónde comer, tomar y comprar en Centro histórico

Lugares mejor calificados en la zona según reseñas públicas de Google — calificación y número de reseñas al 2026-06-10.

Para comer

Café y desayuno

De noche

Compras

Cultura

Referencias