Puerto Vallarta · Barrio por barrio
Puerto Vallarta, barrio por barrio: el escenario y la tramoya
Puerto Vallarta lleva más de sesenta años en escena: desde que John Huston filmó La noche de la iguana en 1963 y los reflectores siguieron a Richard Burton y Elizabeth Taylor hasta Gringo Gulch, la ciudad aprendió a actuar de sí misma frente a su bahía. El malecón, la Zona Romántica, la Marina y las villas de Conchas Chinas son el escenario; detrás del telón, El Pitillal, Versalles y la 5 de Diciembre siguen viviendo en español de fonda y plaza de pueblo. Esta guía recorre las dos ciudades: la que sale a escena cada atardecer y la que la sostiene.

Zona Romántica (Emiliano Zapata)
Tres colonias actúan bajo un solo nombre de cartel: Emiliano Zapata, Alta Vista y Amapas. Desde que el cine puso al puerto en el mapa, este barrio al sur del río Cuale es donde Vallarta sale a escena cada noche.

Centro y el Malecón
Guadalupe Sánchez Torres fundó aquí Las Peñas en 1851; hoy el mismo caserío sostiene la corona de la parroquia y el malecón de las esculturas, la fachada que la ciudad le presenta a su bahía.

5 de Diciembre
El malecón se acaba en el Hotel Rosita, de 1948, y ahí empieza otra ciudad: pangas varadas en la arena de Camarones, tacos nocturnos y una plaza de barrio frente a la parroquia del Refugio.

Versalles
Lucerna, Berlín, Roma, Viena: una colonia de clase media con calles de nombre europeo que, sin playa ni monumentos, se convirtió en la capital gastronómica de Puerto Vallarta.

Marina Vallarta
Nada aquí es anterior a 1986. La Marina se dibujó en plano, dársena de 354 atraques, campo de golf de Joe Finger, faro incluido, y es el único barrio de Vallarta que nació siendo escenografía.

Conchas Chinas
Desde los años cuarenta, las villas de Conchas Chinas ocupan el palco de la bahía: una ladera puramente residencial, sin comercio ni ruido, con calas de agua transparente al pie del cerro.

El Pitillal
Quince minutos tierra adentro y el turismo desaparece: El Pitillal sigue siendo el pueblo agrícola que era antes de que Vallarta saliera en el cine, con su plaza, su templo monumental y un Cristo de cedro rojo de cinco metros.