Monterrey — Bosque
Chipinque
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A pocos minutos del bullicio de San Pedro, la carretera se interna en un bosque de pinos y encinos donde el aire se enfría de golpe y la ciudad desaparece detrás de las copas: eso es Chipinque.
Historia y nombre
Chipinque es un bosque suspendido sobre la ciudad. Su nombre proviene del náhuatl chipinqui, que suele traducirse como el lugar donde abundan las aves, y basta caminar un rato entre sus árboles para entender por qué. El parque ecológico se formalizó por decreto en 1992, cuando se integró un patronato entre el gobierno de Nuevo León y la iniciativa privada, representada por algunas de las empresas más importantes del país, con el fin de conservar y abrir al público un fragmento de sierra a las puertas mismas de la metrópoli.
El área se encuentra dentro de los límites del Parque Nacional Cumbres de Monterrey, el gran espacio protegido que el presidente Lázaro Cárdenas decretó en noviembre de 1939 y que en su momento fue el parque nacional más extenso de México. Chipinque funciona así como una ventana accesible y cuidada a ese enorme territorio serrano: de las más de mil seiscientas hectáreas de la reserva, solo una porción se abre al público general, mientras el resto se reserva a la protección y la conservación.

Qué ver y hacer
Lo primero que sorprende es la altura. El terreno trepa por la Sierra Madre Oriental desde poco más de 700 metros hasta cerca de los 2,200, y ese desnivel explica el cambio de clima y de paisaje a medida que uno sube: del matorral submontano a los bosques templados de pino y encino que coronan las partes altas. Es un bosque de verdad, fresco y umbrío, a un paso de una de las zonas urbanas más calurosas del país.
La fauna está a la altura del entorno. En la reserva habitan coatíes, ardillas, venado cola blanca y oso negro, además de la abundancia de aves que dio nombre al lugar. El otoño regala uno de sus mejores espectáculos: hacia octubre, el bosque se enciende de color y por la zona pasan mariposas monarca en su migración hacia el sur. Para recorrerlo, el parque ofrece más de una decena de senderos señalizados, con niveles que van desde caminatas básicas hasta rutas de dificultad experta, de modo que igual sirve para una salida familiar tranquila que para una jornada exigente de montaña.

Cómo visitarlo
El acceso es por San Pedro Garza García, y conviene revisar los horarios y la cuota vigente en el sitio oficial de la reserva antes de ir, ya que pueden cambiar. Se puede subir caminando, en bicicleta o en vehículo por la carretera interior hasta la meseta, donde se concentran los miradores y los inicios de varios senderos. Por ser un bosque de montaña, las temperaturas son más bajas que en la ciudad y el clima cambia rápido; vale la pena llevar una capa extra de ropa, agua y calzado cómodo, y recordar que es área de conservación: lo que entra, sale contigo.

Referencias