Guadalajara — Templo
Catedral de Guadalajara
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Sus torres gemelas amarillas, visibles desde casi cualquier punto del Centro, son el rostro mismo de Guadalajara.
Historia
Felipe II autorizó edificar la catedral por cédula real en mayo de 1561, y Pedro de Ayala bendijo la primera piedra el 31 de julio de ese año, aunque la obra no arrancó realmente hasta 1571. El templo fue consagrado el 22 de octubre de 1618. Su larga construcción explica la mezcla de estilos que hoy conviven en su fachada e interior: elementos góticos, barrocos, moriscos y neoclásicos se superponen como capas de la propia historia de la ciudad.
El terremoto de 1818 derribó las torres y la cúpula originales. Las torres actuales, con su característica silueta de alcatraz invertido, las levantó el arquitecto Manuel Gómez Ibarra entre 1850 y 1854, revestidas con azulejos traídos de Sayula. El papa Pío XII la elevó a basílica menor en 1938 y el INAH la declaró monumento histórico en 1943. Pocos edificios cuentan tan bien los sismos, las modas y la fe de Guadalajara.

Qué ver y hacer
El interior guarda altares neoclásicos, una sillería de coro tallada y reliquias como las de la beata María Vicenta de Santa Dorotea. Vale la pena entrar a misa o simplemente sentarse a contemplar las bóvedas; la acústica y la luz que entra por los vitrales convierten la visita en una pausa de silencio en medio del bullicio. Conserva, además, una colección de pintura virreinal que muchos visitantes pasan por alto.
Afuera, la catedral es el eje de la Cruz de Plazas: la Rotonda, el Palacio de Gobierno y el Teatro Degollado la rodean, de modo que desde sus puertas se arma un recorrido a pie por todo el corazón monumental. El atardecer es el mejor momento, cuando el sol enciende los azulejos amarillos de las torres. Llega temprano si quieres fotografiarla sin multitudes ni puestos de fondo.

Referencias