Caleta y Caletilla, Acapulco

Barrios de Acapulco — Playas de la época dorada

Caleta y Caletilla

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Por Qué Hacer · Actualizado en junio de 2026

Aquí nació el turismo de Acapulco. En estas dos medias lunas de agua mansa nadó la primera jet set, compró hotel el Tarzán de Hollywood y pintó Diego Rivera sus últimos murales.

La playa de la mañana

Caleta y Caletilla fueron originalmente una sola playa; la construcción de un muelle para lanchas, iniciada en los años veinte, la partió en dos y le dio sus nombres. Sobre la península de Las Playas, que las abriga, se levantaron los primeros hoteles del puerto, y entre los años cuarenta y sesenta estas arenas fueron el epicentro del glamour acapulqueño: en el Acapulco de entonces se decía que Caleta era la playa de la mañana y Hornos la de la tarde, según la posición del sol sobre la bahía. Por el hotel Caleta pasaron figuras como Frank Sinatra en la primera ola del turismo internacional mexicano.

Cuando la Costera de 1949 corrió el centro de gravedad hacia el oriente de la bahía, Caleta dejó de ser el escaparate del puerto y se convirtió en lo que es hoy: la playa de las familias acapulqueñas y de los nostálgicos, con agua tibia y mansa gracias al abrigo de la isla de la Roqueta, lanchas de fondo de cristal y el acuario Mágico Mundo Marino en el islote que separa las dos medias lunas. Es la zona donde mejor se conserva la escala humana del primer Acapulco turístico.

Tarzán compra un hotel

El personaje que mejor encarna la época dorada de esta península es Johnny Weissmüller. El Tarzán olímpico llegó a Acapulco a filmar y se quedó como visitante asiduo; en 1954, junto con John Wayne, Red Skelton y Fred MacMurray, compró el hotel Los Flamingos, encaramado en los riscos de Las Playas, y el grupo —la llamada pandilla de Hollywood, que tuvo entre sus huéspedes a Cary Grant y Errol Flynn— lo convirtió en uno de los puntos más codiciados del puerto.

El hotel venía de antes: se fundó en los años treinta y en 1937 el diseñador Michael van Beuren, egresado de la Bauhaus, recibió el encargo de amueblar sus bungalows, uno de sus primeros trabajos en México. Los Flamingos sigue operando sobre su acantilado, convertido en museo involuntario de aquella era. Weissmüller pasó en Acapulco sus últimos años y está sepultado en la ciudad.

Los últimos mosaicos de Diego Rivera

En lo alto del cerro de la Pinzona, dentro de esta misma península, está uno de los tesoros menos conocidos del muralismo mexicano: la Casa de los Vientos. La propiedad, construida en 1943 y adquirida en 1948 por Dolores Olmedo, fue el refugio final de Diego Rivera, que pasó ahí buena parte de sus dos últimos años de vida. Sobre los muros realizó una serie de murales de mosaico con piedra volcánica, cantera, azulejo y conchas: en la fachada serpentea un Quetzalcóatl de plumas onduladas, acompañado de otras deidades prehispánicas en altorrelieve.

Rivera murió el 24 de noviembre de 1957, poco después de concluir estos trabajos, que están entre sus escasas obras de mosaico exterior. En 2013 la Secretaría de Cultura de Guerrero y la Fundación Slim adquirieron la propiedad para preservar los murales y habilitar el sitio como centro cultural. La subida por las calles del cerro, entre casas del fraccionamiento Las Playas, es parte del paseo: desde ahí se entiende por qué este flanco del puerto enamoró al primer Acapulco artístico.

La Roqueta y la Virgen sumergida

La isla de la Roqueta, que corta el oleaje del Pacífico y vuelve mansas a las dos playas, merece sus horas: senderos de monte bajo que suben al faro, calas pequeñas de cara al puerto y un pasado de fondeadero de piratas que acechaban a la Nao de China. Las lanchas de fondo de cristal que cruzan desde los muelles pasan sobre la Virgen de los Mares, una imagen sumergida de la Virgen de Guadalupe a la que los pescadores peregrinan en lancha cada 12 de diciembre. El conjunto —playa mansa, isla enfrente, hoteles de los cuarenta en los riscos— es el resumen más fiel del Acapulco que inventó al resto.

Las calles que hay que conocer

Gran Vía Tropical

La avenida escénica que rodea la península de Las Playas, uniendo la zona de Caleta con el flanco de La Quebrada. Es uno de los paseos en auto más viejos y más bellos del puerto: curvas a media ladera con la bahía de Santa Lucía a un lado y las quintas y hoteles del Acapulco de los cuarenta al otro.

Avenida Adolfo López Mateos (tramo Las Playas)

En su tramo por la península, la López Mateos pasa al pie del hotel Los Flamingos y enlaza los miradores de la costa abierta con las bajadas a Caleta. Es la calle de los hoteles históricos: por aquí se mueve el visitante que viene siguiendo la ruta de la época dorada.

Calle Inalámbrica (cerro de la Pinzona)

La calle que trepa el cerro de la Pinzona hasta la Casa de los Vientos, la antigua casa-estudio de Diego Rivera y Dolores Olmedo. Subida empinada de barrio residencial antiguo, recompensada por los murales de mosaico de la fachada y por las vistas cruzadas de la bahía y el mar abierto.

Bajada a Caleta (remate de la Costera)

El extremo poniente de la avenida Costera Miguel Alemán muere precisamente en Caleta: la rotonda y el frente de playa concentran los accesos, los estacionamientos y el pequeño comercio playero. Es el punto donde la gran avenida de 1949 se reencuentra con la playa que la precedió.

Parques y plazas

Isla de la Roqueta

La isla que protege a Caleta y Caletilla del oleaje abierto es también el espacio natural más accesible del puerto: lanchas y embarcaciones de fondo de cristal cruzan en minutos desde los muelles. Tiene senderos que suben al faro, calas pequeñas y una historia de refugio de piratas en tiempos del Galeón de Manila.

Dónde comer, tomar y comprar en Caleta y Caletilla

Lugares mejor calificados en la zona según reseñas públicas de Google — calificación y número de reseñas al 2026-06-10.

Para comer

Café y desayuno

De noche

Cultura

Referencias