Barrios de Guadalajara — Barrio fundacional
Mexicaltzingo y Las Nueve Esquinas
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Mexicaltzingo nació el mismo año que Guadalajara, 1542, pero del otro lado de la línea: era el pueblo de los indios mexicanos que la ciudad española mantenía fuera de su traza. De su rastro y su tianguis desciende, dicen, hasta la palabra tapatío.
Pueblo de indios, 1542
Cuando Guadalajara se fundó en el valle de Atemajac, los indígenas del Valle de México que acompañaban a los españoles fueron asentados aparte, en un pueblo propio al sur de la traza: Mexicaltzingo, cuyo nombre náhuatl se traduce como el lugar de la pequeña casa de los mexicanos. Junto con Analco y Mezquitán formó el anillo de pueblos de indios que rodeó a la ciudad criolla durante tres siglos, hasta que la mancha urbana los absorbió como barrios. Empezó pequeño —apenas unas decenas de habitantes en sus primeros años— pero ganó peso por dos oficios: aquí operó el primer rastro de la ciudad y un tianguis concurrido, del que una hipótesis muy citada hace nacer la palabra tapatío, derivada del náhuatl tapatiotl, la medida de trueque que se usaba en ese mercado.
El corazón del barrio sigue siendo su templo. La capilla dedicada a San Juan Bautista funcionó desde los primeros años de la fundación; con los siglos creció hasta el actual templo de cantera, de factura entre barroca y neoclásica, frente a la plaza arbolada donde el barrio conserva —entre el tráfico de las avenidas que lo cercan— un aire de pueblo. A unos pasos, el mercado Mexicaltzingo mantiene la vocación de abasto que el barrio tuvo desde el siglo XVI.
Del rastro a la birria
El destino gastronómico del barrio estaba escrito en su primer oficio: donde hubo rastro y carnicerías acabó habiendo birria. La zona se llenó de tablajeros desde la Colonia, y con la materia prima a la mano, los guisos de chivo se volvieron especialidad local. La crónica recoge la historia de un birriero del sur de Jalisco que a principios del siglo XX, al ver que vendía mejor de noche en este rumbo, rentó un local junto a las Nueve Esquinas y se quedó; de aquel arranque desciende la tradición birriera que hoy define al barrio, con cazos humeantes, tortillas recién hechas y consomé servido desde la mañana.
Las Nueve Esquinas
En el borde norte del barrio, donde Mexicaltzingo se encontraba con el camino al puente de Las Damas, el trazo urbano de finales del siglo XIX produjo un accidente afortunado: una plazoleta donde confluyen calles en ángulos quebrados que suman nueve esquinas. El conjunto —fuente al centro, fincas de uno y dos pisos pintadas de colores, faroles— es uno de los rincones más fotogénicos del centro sur, y su nombre desplazó al de las propias calles: nadie cita Colón o Galeana; se queda de ver en las Nueve Esquinas.
La plazoleta vive de la birria, que se sirve en los establecimientos que la rodean desde hace generaciones, y de una segunda temporada dulce: en mayo y junio llegan las pitayas de Techaluta y Amacueca, que se venden ahí mismo por pieza, costumbre de primavera que los tapatíos guardan con celo. Avenida La Paz, que corre a unos pasos sobre el cauce de un antiguo arroyo, marca la frontera con el centro.
Las calles que hay que conocer
Calle Mexicaltzingo
El eje que atraviesa el barrio de oriente a poniente y le da nombre, del templo de San Juan Bautista hacia la zona del ex convento del Carmen. Combina comercio popular, talleres y, en su tramo poniente, una creciente franja de restaurantes y bares que conectan el barrio con la vida nocturna de la Americana.
Calle Colón
La calle que baja del centro y desemboca en las Nueve Esquinas, donde se concentran las birrierías históricas de la plazoleta. Su cruce con Galeana es el corazón del conjunto y el punto más retratado del barrio.
Avenida La Paz
La frontera norte, tendida sobre el cauce de un antiguo arroyo que bajaba hacia el río San Juan de Dios. Hoy es una avenida de tráfico intenso que separa Mexicaltzingo del centro; cruzarla hacia el sur es entrar de golpe a la escala de barrio.
Calzada del Ejército y el rumbo del templo
Hacia el oriente, las cuadras alrededor del templo y el mercado conservan la vida más doméstica del barrio: la plaza arbolada, los puestos de nieves y la rutina parroquial, a distancia del circuito turístico de las Nueve Esquinas.
Parques y plazas
Plaza de Mexicaltzingo
El atrio-jardín frente al templo de San Juan Bautista, con árboles viejos y bancas de hierro, donde el barrio fundacional conserva su aire de pueblo pese a las avenidas que lo rodean. El mercado queda a una cuadra.
Plaza de las Nueve Esquinas
La plazoleta con fuente que remata el quiebre de calles del siglo XIX, rodeada de birrierías y fincas de colores. En temporada de pitayas (mayo–junio) funciona además como el punto de venta clásico de la fruta en Guadalajara.
Dónde comer, tomar y comprar en Mexicaltzingo y Las Nueve Esquinas
Lugares mejor calificados en la zona según reseñas públicas de Google — calificación y número de reseñas al 2026-06-10.
Para comer
- 4.9 (9,122)
- 4.5 (13,486)
- 4.7 (4,484)
- 4.6 (3,587)
- 4.7 (2,250)
- 4.7 (1,655)
Café y desayuno
- 4.7 (4,484)
- 4.5 (6,295)
- 4.6 (2,419)
- 4.4 (3,395)
- 4.2 (2,345)
- 4.7 (541)
De noche
- 4.5 (4,640)
- 4.4 (2,934)
- 4.5 (1,261)
- 4.3 (1,118)
Compras
- 4.4 (10,736)
- 4.4 (3,294)
- 4.7 (1,790)
- 4.7 (214)
- 4.8 (48)
- 4.8 (29)
Cultura
- 4.8 (10,204)
- 4.6 (1,655)
- 4.6 (1,421)
- 4.5 (1,532)
- 4.6 (1,085)
- 4.5 (789)
Referencias